miércoles, 11 de mayo de 2016

SOLO YO TENGO LA RAZÓN. ( Vicente Fatone)

“Quien no opina como yo está equivocado”.  Éste es el convencimiento secreto de todas las personas que discuten. Y es lógico que así suceda, porque tener una opinión significa creer que se tiene una opinión acertada; de donde resulta que quienes no tengan la misma opinión tendrán forzosamente una opinión errónea.
El creer que solo yo tengo la razón es mantener una mente muy rígida, el no cambiar de opinión ni aceptar las ideas o pensamientos de los demás es como limitarse uno mismo.
Desde muy pequeños nuestros padres y maestros nos limitan en dar nuestra propia opinión acerca de algo que nos disgusta, diciendo ser la autoridad hacia nosotros, sin saber que al negarnos nos están cerrando la oportunidad de volvernos críticos, o a su vez callamos para evitar discusiones ante otras personas que dicen tener la razón. Sin poder defender nuestro punto de vista.
Un procedimiento eficaz para evitar que la discusión se complique con razones es emitir la propia opinión lo más oscuramente posible. Es el consejo que hace veintitantos siglos daba el señor Aristóteles, que de estas cosas entendía una barbaridad: "Es necesario presentar oscuramente la cosa, pues así lo interesante de la discusión queda en la oscuridad". Si el otro no entiende, tendrá que confesarlo, y confesar que no se entiende algo es confesar que la inteligencia no le da para tanto. (Con este procedimiento se evita, además, que aprendan gratis los curiosos atraídos por la discusión).
El punto aquí seria el dar y recibir críticas acerca de las opiniones erradas hacia uno mismo para poder, aumentar nuestro conocimiento y diferentes puntos de vista.

Opina y deja que opinen.
Barbara Chicaiza.

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